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*Catequesis de Confirmación Niños: Sábados
de 15 a 18 hs.
*Catequesis de Confirmación Adultos:
Miércoles 19:30 a 21:30
*PCC (Proceso Comunitario para la
Confirmación) de 15 a 30 años: Sábados 15 a 17 hs.
Catecismo de la Iglesia
Católica
Artículo 2
EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN
1285 Con el Bautismo y la Eucaristía,
el sacramento de la Confirmación constituye el conjunto de los
"sacramentos de la iniciación cristiana", cuya unidad debe ser
salvaguardada. Es preciso, pues, explicar a los fieles que la
recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la
gracia bautismal (cf OCf, Praenotanda 1). En efecto, a los
bautizados "el sacramento de la confirmación los une más íntimamente
a la Iglesia y los los enriquece con una fortaleza especial del
Espíritu Santo. De esta forma se comprometen mucho más, como
auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus
palabras y sus obras" (LG 11; cf OCf, Praenotanda 2):
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I La Confirmación en la economía de
la salvación
1286 En el Antiguo Testamento,
los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el
Mesías esperado (cf. Is 11,2) para realizar su misión salvífica (cf
Lc 4,16-22; Is 61,1). El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en
su Bautismo por Juan fue el signo de que él era el que debía venir,
el Mesías, el Hijo de Dios (Mt 3,13-17; Jn 1,33- 34). Habiendo sido
concedido por obra del Espíritu Santo, toda su vida y toda su misión
se realizan en una comunión total con el Espíritu Santo que el Padre
le da "sin medida" (Jn 3,34).
1287 Ahora bien, esta plenitud del
Espíritu no debía permanecer únicamente en el Mesías, sino que debía
ser comunicada a todo el pueblo mesiánico (cf Ez 36,25-27; Jl
3,1-2). En repetidas ocasiones Cristo prometió esta efusión del
Espíritu (cf Lc 12,12; Jn 3,5-8; 7,37-39; 16,7-15; Hch 1,8), promesa
que realizó primero el día de Pascua (Jn 20,22) y luego, de manera
más manifiesta el día de Pentecostés (cf Hch 2,1-4). Llenos del
Espíritu Santo, los Apóstoles comienzan a proclamar "las maravillas
de Dios" (Hch 2,11) y Pedro declara que esta efusión del Espíritu es
el signo de los tiempos mesiánicos (cf Hch 2, 17-18). Los que
creyeron en la predicación apostólica y se hicieron bautizar,
recibieron a su vez el don del Espíritu Santo (cf Hch 2,38).
1288 "Desde aquel tiempo, los
Apóstoles, en cumplimiento de la voluntad de Cristo, comunicaban a
los neófitos, mediante la imposición de las manos, el don del
Espíritu Santo, destinado a completar la gracia del Bautismo (cf Hch
8,15-17; 19,5-6). Esto explica por qué en la Carta a los Hebreos se
recuerda, entre los primeros elementos de la formación cristiana, la
doctrina del bautismo y de la la imposición de las manos (cf Hb
6,2). Es esta imposición de las manos la ha sido con toda razón
considerada por la tradición católica como el primitivo origen del
sacramento de la Confirmación, el cual perpetúa, en cierto modo, en
la Iglesia, la gracia de Pentecostés" (Pablo VI, const. apost.
"Divinae consortium naturae").
1289 Muy pronto, para mejor significar
el don del Espíritu Santo, se añadió a la imposición de las manos
una unción con óleo perfumado (crisma). Esta unción ilustra el
nombre de "cristiano" que significa "ungido" y que tiene su origen
en el nombre de Cristo, al que "Dios ungió con el Espíritu Santo"
(Hch 10,38). Y este rito de la unción existe hasta nuestros días
tanto en Oriente como en Occidente. Por eso en Oriente, se llama a
este sacramento crismación, unción con el crisma, o myron,
que significa "crisma". En Occidente el nombre de Confirmación
sugiere que este sacramento al mismo tiempo confirma el Bautismo y
robustece la gracia bautismal.
Dos tradiciones: Oriente y Occidente
1290 En los primeros siglos la
Confirmación constituye generalmente una única celebración con el
Bautismo, y forma con éste, según la expresión de S. Cipriano, un
"sacramento doble. Entre otras razones, la multiplicación de los
bautismos de niños, durante todo el tiempo del año, y la
multiplicación de las parroquias (rurales), que agrandaron las
diócesis, ya no permite la presencia del obispo en todas las
celebraciones bautismales. En Occidente, por el deseo de reservar al
obispo el acto de conferir la plenitud al Bautismo, se establece la
separación temporal de ambos sacramentos. El Oriente ha conservado
unidos los dos sacramentos, de modo que la Confirmación es dada por
el presbítero que bautiza. Este, sin embargo, sólo puede hacerlo con
el "myron" consagrado por un obispo (cf CCEO, can. 695,1; 696,1).
1291 Una costumbre de la Iglesia de
Roma facilitó el desarrollo de la práctica occidental; había una
doble unción con el santo crisma después del Bautismo: realizada ya
una por el presbítero al neófito al salir del baño bautismal, es
completada por una segunda unción hecha por el obispo en la frente
de cada uno de los recién bautizados (véase S. Hipólito de Roma,
Trad. Ap. 21). La primera unción con el santo crisma, la que daba el
sacerdote, quedó unida al rito bautismal; significa la participación
del bautizado en las funciones profética, sacerdotal y real de
Cristo. Si el Bautismo es conferido a un adulto, sólo hay una unción
postbautismal: la de la Confirmación.
1292 La práctica de las Iglesias de
Oriente destaca más la unidad de la iniciación cristiana. La de la
Iglesia latina expresa más netamente la comunión del nuevo cristiano
con su obispo, garante y servidor de la unidad de su Iglesia, de su
catolicidad y su apostolicidad, y por ello, el vínculo con los
orígenes apostólicos de la Iglesia de Cristo.
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II Los signos y el rito de la
Confirmación
1293 En el rito de este sacramento
conviene considerar el signo de la unción y lo que la unción
designa e imprime: el sello espiritual.
La unción, en el simbolismo
bíblico y antiguo, posee numerosas significaciones: el aceite es
signo de abundancia (cf Dt 11,14, etc.) y de alegría (cf Sal 23,5;
104,15); purifica (unción antes y después del baño) y da agilidad
(la unción de los atletas y de los luchadores); es signo de
curación, pues suaviza las contusiones y las heridas (cf Is 1,6; Lc
10,34) y el ungido irradia belleza, santidad y fuerza.
1294 Todas estas significaciones de la
unción con aceite se encuentran en la vida sacramental. La unción
antes del Bautismo con el óleo de los catecúmenos significa
purificación y fortaleza; la unción de los enfermos expresa curación
y el consuelo. La unción del santo crisma después del Bautismo, en
la Confirmación y en la Ordenación, es el signo de una consagración.
Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son ungidos,
participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la
plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su
vida desprenda "el buen olor de Cristo" (cf 2 Co 2,15).
1295 Por medio de esta unción, el
confirmando recibe "la marca", el sello del Espíritu Santo.
El sello es el símbolo de la persona (cf Gn 38,18; Ct 8,9), signo de
su autoridad (cf Gn 41,42), de su propiedad sobre un objeto (cf. Dt
32,34) -por eso se marcaba a los soldados con el sello de su jefe y
a los esclavos con el de su señor -; autentifica un acto jurídico
(cf 1 R 21,8) o un documento (cf Jr 32,10) y lo hace, si es preciso,
secreto (cf Is 29,11).
1296 Cristo mismo se declara marcado
con el sello de su Padre (cf Jn 6,27). El cristiano también está
marcado con un sello: "Y es Dios el que nos conforta juntamente con
vosotros en Cristo y el que nos ungió, y el que nos marcó con su
sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones" (2 Co
1,22; cf Ef 1,13; 4,30). Este sello del Espíritu Santo, marca la
pertenencia total a Cristo, la puesta a su servicio para siempre,
pero indica también la promesa de la protección divina en la gran
prueba escatológica (cf Ap 7,2-3; 9,4; Ez 9,4-6).
La celebración de la Confirmación
1297 Un momento importante que precede
a la celebración de la Confirmación, pero que, en cierta manera
forma parte de ella, es la consagración del santo crisma. Es
el obispo quien, el Jueves Santo, en el transcurso de la Misa
crismal, consagra el santo crisma para toda su Diócesis. En las
Iglesias de Oriente, esta consagración está reservada al Patriarca:
La liturgia de Antioquía expresa así la
epíclesis de la consagración del santo crisma (myron): "
(Padre...envía tu Espíritu Santo) sobre nosotros y sobre este aceite
que está delante de nosotros y conságralo, de modo que sea para
todos los que sean ungidos y marcados con él, myron santo, myron
sacerdotal, myron real, unción de alegría, vestidura de la luz,
manto de salvación, don espiritual, santificación de las almas y de
los cuerpos, dicha imperecedera, sello indeleble, escudo de la fe y
casco terrible contra todas las obras del Adversario".
1298 Cuando la Confirmación se celebra
separadamente del Bautismo, como es el caso en el rito romano, la
liturgia del sacramento comienza con la renovación de las promesas
del Bautismo y la profesión de fe de los confirmandos. Así aparece
claramente que la Confirmación constituye una prolongación del
Bautismo (cf SC 71). Cuando es bautizado un adulto, recibe
inmediatamente la Confirmación y participa en la Eucaristía (cf
⇒ CIC can.866).
1299 En el rito romano, el obispo
extiende las manos sobre todos los confirmandos, gesto que, desde el
tiempo de los apóstoles, es el signo del don del Espíritu. Y el
obispo invoca así la efusión del Espíritu:
Dios Todopoderoso, Padre de nuestro
Señor Jesucristo, que regeneraste, por el agua y el Espíritu Santo,
a estos siervos tuyos y los libraste del pecado: escucha nuestra
oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo Paráclito; llénalos de
espíritu de sabiduría y de inteligencia, de espíritu de consejo y de
fortaleza, de espíritu de ciencia y de piedad; y cólmalos del
espíritu de tu santo temor. Por Jesucristo nuestro Señor.
1300 Sigue el rito esencial del
sacramento. En el rito latino, "el sacramento de la confirmación es
conferido por la unción del santo crisma en la frente, hecha
imponiendo la mano, y con estas palabras: "Recibe por esta señal el
don del Espíritu Santo" (Paulus VI, Const. Ap. Divinae consortium
naturae). En las Iglesias orientales, la unción del myron se
hace después de una oración de epíclesis, sobre las partes más
significativas del cuerpo: la frente, los ojos, la nariz, los oídos,
los labios, el pecho, la espalda, las manos y los pies, y cada
unción va acompañada de la fórmula: "Sfragi~ dwrea~ Pneumto~ æAgiou"
("Rituale per le Chiese orientali di rito bizantino in lingua greca,
I -LEV 1954), p. 36". ("Signaculum doni Spiritus Sancti" - "Sello
del don que es el Espíritu Santo").
1301 El beso de paz con el que concluye
el rito del sacramento significa y manifiesta la comunión eclesial
con el obispo y con todos los fieles (cf S. Hipólito, Trad. ap. 21).
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III Los efectos de la Confirmación
1302 De la celebración se deduce que el
efecto del sacramento es la efusión especial del Espíritu Santo,
como fue concedida en otro tiempo a los Apóstoles el día de
Pentecostés.
1303 Por este hecho, la Confirmación
confiere crecimiento y profundidad a la gracia bautismal:
– nos introduce más profundamente en la
filiación divina que nos hace decir "Abbá, Padre" (Rm 8,15).;
– nos une más firmemente a Cristo;
– aumenta en nosotros los dones del
Espíritu Santo;
– hace más perfecto nuestro vínculo con
la Iglesia (cf LG 11);
– nos concede una fuerza especial del
Espíritu Santo para difundir y defender la fe mediante la palabra y
las obras como verdaderos testigos de Cristo, para confesar
valientemente el nombre de Cristo y para no sentir jamás vergüenza
de la cruz (cf DS 1319; LG 11,12):
Recuerda, pues, que has recibido el
signo espiritual, el Espíritu de sabiduría e inteligencia, el
Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de conocimiento y de
piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has recibido.
Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha confirmado
y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu (S. Ambrosio, Myst.
7,42).
1304 La Confirmación, como el Bautismo
del que es la plenitud, sólo se da una vez. La Confirmación, en
efecto, imprime en el alma una marca espiritual indeleble, el
"carácter" (cf DS 1609), que es el signo de que Jesucristo ha
marcado al cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la
fuerza de lo alto para que sea su testigo (cf Lc 24,48-49).
1305 El "carácter" perfecciona el
sacerdocio común de los fieles, recibido en el Bautismo, y "el
confirmado recibe el poder de confesar la fe de Cristo públicamente,
y como en virtud de un cargo (quasi ex officio)" (S. Tomás de
A., s.th. 3, 72,5, ad 2).
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IV Quién puede recibir este
sacramento
1306 Todo bautizado, aún no confirmado,
puede y debe recibir el sacramento de la Confirmación (cf
⇒ CIC can. 889, 1). Puesto que Bautismo, Confirmación y
Eucaristía forman una unidad, de ahí se sigue que "los fieles tienen
la obligación de recibir este sacramento en tiempo oportuno" (⇒
CIC, can. 890), porque sin la Confirmación y la Eucaristía el
sacramento del Bautismo es ciertamente válido y eficaz, pero la
iniciación cristiana queda incompleta.
1307 La costumbre latina, desde hace
siglos, indica "la edad del uso de razón", como punto de referencia
para recibir la Confirmación. Sin embargo, en peligro de muerte, se
debe confirmar a los niños incluso s i no han alcanzado todavía la
edad del uso de razón (cf
⇒ CIC can. 891;
⇒ 893,3).
1308 Si a veces se habla de la
Confirmación como del "sacramento de la madurez cristiana", es
preciso, sin embargo, no confundir la edad adulta de la fe con la
edad adulta del crecimiento natural, ni olvidar que la gracia
bautismal es una gracia de elección gratuita e inmerecida que no
necesita una "ratificación" para hacerse efectiva. Santo Tomás lo
recuerda:
La edad del cuerpo no constituye un
prejuicio para el alma. Así, incluso en la infancia, el hombre puede
recibir la perfección de la edad espiritual de que habla la
Sabiduría (4,8): `la vejez honorable no es la que dan los muchos
días, no se mide por el número de los años'. Así numerosos niños,
gracias a la fuerza del Espíritu Santo que habían recibido, lucharon
valientemente y hasta la sangre por Cristo (s.th. 3, 72,8,ad 2).
1309 La preparación para la
Confirmación debe tener como meta conducir al cristiano a una unión
más íntima con Cristo, a una familiaridad más viva con el Espíritu
Santo, su acción, sus dones y sus llamadas, a fin de poder asumir
mejor las responsabilidades apostólicas de la vida cristiana. Por
ello, la catequesis de la Confirmación se esforzará por suscitar el
sentido de la pertenencia a la Iglesia de Jesucristo, tanto a la
Iglesia universal como a la comunidad parroquial. Esta última tiene
una resp onsabilidad particular en la preparación de los
confirmandos (cf OCf, Praenotanda 3).
1310 Para recibir la Confirmación es
preciso hallarse en estado de gracia. Conviene recurrir al
sacramento de la Penitencia para ser purificado en atención al don
del Espíritu Santo. Hay que prepararse con una oración más intensa
para recibir con docilidad y disponibilidad la fuerza y las gracias
del Espíritu Santo (cf Hch 1,14).
1311 Para la Confirmación, como para el
Bautismo, conviene que los candidatos busquen la ayuda espiritual de
un padrino o de una madrina. Conviene que sea el mismo
que para el Bautismo a fin de subrayar la unidad entre los dos
sacramentos (cf OCf, Praenotanda 5.6;
⇒ CIC can. 893, 1.2).
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V El ministro de la Confirmación
1312 El ministro originario de la
Confirmación es el obispo (LG 26).
En Oriente
es ordinariamente el presbítero que bautiza quien da también
inmediatamente la Confirmación en una sola celebración. Sin embargo,
lo hace con el santo crisma consagrado por el patriarca o el obispo,
lo cual expresa la unidad apostólica de la Iglesia cuyos vínculos
son reforzados por el sacramento de la Confirmación. En la Iglesia
latina se aplica la misma disciplina en los bautismos de adultos y
cuando es admitido a la plena comunión con la Iglesia un bautizado
de otra comunidad cristiana que no ha recibido válidamente el
sacramento de la Confirmación (cf
⇒ CIC can 883,2).
1313 En el rito latino, el ministro
ordinario de la Conformación es el obispo (⇒
CIC can. 882). Aunque el obispo puede, en caso de necesidad,
conceder a presbíteros la facultad de administrar el sacramento de
la Confirmación (⇒
CIC can. 884,2), conviene que lo confiera él mismo, sin olvidar que
por esta razón la celebración de la Confirmación fue temporalmente
separada del Bautismo. Los obispos son los sucesores de los
apóstoles y han recibido la plenitud del sacramento del orden. Por
esta razón, la administración de este sacramento por ellos mismos
pone de relieve que la Confirmación tiene como efecto unir a los que
la reciben más estrechamente a la Iglesia, a sus orígenes
apostólicos y a su misión de dar testimonio de Cristo.
1314 Si un cristiano está en peligro de
muerte, cualquier presbítero puede darle la Confirmación (cf
⇒ CIC can. 883,3). En efecto, la Iglesia quiere que
ninguno de sus hijos, incluso en la más tierna edad, salga de este
mundo sin haber sido perfeccionado por el Espíritu Santo con el don
de la plenitud de Cristo.
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RESUMEN
1315 "Al enterarse los apóstoles que
estaban en Jerusalén de que Samaría había aceptado la Palabra de
Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por
ellos para que recibieran el Espíritu Santo; pues todavía no había
descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados
en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y
recibían el Espíritu Santo" (Hch 8,14-17).
1316 La Confirmación perfecciona la gracia
bautismal; es el sacramento que da el Espíritu Santo para
enraizarnos más profundamente en la filiación divina, incorporarnos
más firmemente a Cristo, hacer más sólido nuestro vínculo con la
Iglesia, asociarnos todavía más a su misión y ayudarnos a dar
testimonio de la fe cristiana por la palabra acompañada de las
obras.
1317 La Confirmación, como el Bautismo,
imprime en el alma del cristiano un signo espiritual o carácter
indeleble; por eso este sacramento sólo se puede recibir una vez en
la vida.
1318 En Oriente, este sacramento es
administrado inmediatamente después del Bautismo y es seguido de la
participación en la Eucaristía, tradición que pone de relieve la
unidad de los tres sacramentos de la iniciación cristiana. En la
Iglesia latina se administra este sacramento cuando se ha alcanzado
el uso de razón, y su celebración se reserva ordinariamente al
obispo, significando así que este sacramento robustece el vínculo
eclesial.
1319 El candidato a la Confirmación que ya
ha alcanzado el uso de razón debe profesar la fe, estar en estado de
gracia, tener la intención de recibir el sacramento y estar
preparado para asumir su papel de discípulo y de testigo de Cristo,
en la comunidad eclesial y en los asuntos temporales.
1320 El rito esencial de la Confirmación
es la unción con el Santo Crisma en la frente del bautizado (y en
Oriente, también en los otros órganos de los sentidos), con la
imposición de la mano del ministro y las palabras: "Accipe
signaculum doni Spiritus Sancti" ("Recibe por esta señal el don del
Espíritu Santo"), en el rito romano; "Signaculum doni Spiritus
Sancti" ("Sello del don del Espíritu Santo"), en el rito bizantino.
1321 Cuando la Confirmación se celebra
separadamente del Bautismo, su conexión con el Bautismo se expresa
entre otras cosas por la renovación de los compromisos bautismales.
La celebración de la Confirmación dentro de la Eucaristía contribuye
a subrayar la unidad de los sacramentos de la iniciación cristiana.
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