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Bautismos
- Se realizan 1º y 3º
Sábado de cada mes a las 15:30 hs.
- Las charlas prebautismales se
realizan el último Miércoles de cada mes a las 20 hs.
Requerimientos
-
Pedido de fecha por alguno de los padres.
-
Niño/as menores de 8 años. ( mas de 8
deberán concurrir a catequesis)
-
Pedir fecha con un mes de anticipación.
-
Partida de nacimiento del niño/a.
-
Padrinos mayores de 16 años.
-
Certificado de Bautismo de los padrinos solteros o Libreta
de casamiento por Iglesia si los padrinos son casados.
-
Concurrencia a la charla prebautismal,
tanto padres como padrinos, que se realizará el último miércoles del mes anterior a
la fecha solicitada.
Catecismo de la Iglesia
Católica
Artículo 1
EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO
I El
nombre de este sacramento
1213 El santo Bautismo es el fundamento de
toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu ("vitae
spiritualis ianua") y la puerta que abre el acceso a los otros
sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y
regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y
somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión (cf
Cc. de Florencia: DS 1314;
⇒ CIC, can 204,1;
⇒ 849; CCEO 675,1):
"Baptismus est sacramentum regenerationis per aquam in verbo"
("El bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la
palabra", Cath. R. 2,2,5).
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II El
Bautismo en la economía de la salvación
Las prefiguraciones del Bautismo en la
Antigua Alianza
1217 En la Liturgia de la Noche Pascual,
cuando se bendice el agua bautismal, la Iglesia hace
solemnemente memoria de los grandes acontecimientos de la historia
de la salvación que prefiguraban ya el misterio del Bautismo:
¡Oh Dios!, que realizas en tus sacramentos
obras admirables con tu poder invisible, y de diversos modos te has
servido de tu criatura el agua para significar la gracia del
bautismo (MR, Vigilia Pascual, bendición del agua bautismal, 42).
1218 Desde el origen del mundo, el agua,
criatura humilde y admirable, es la fuente de la vida y de la
fecundidad. La Sagrada Escritura dice que el Espíritu de Dios "se
cernía" sobre ella (cf. Gn 1,2):
¡Oh Dios!, cuyo espíritu, en los orígenes
del mundo, se cernía sobre las aguas, para que ya desde entonces
concibieran el poder de santificar (MR, ibid.).
1219 La Iglesia ha visto en el Arca de Noé
una prefiguración de la salvación por el bautismo. En efecto, por
medio de ella "unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvados
a través del agua" (1 P 3,20):
¡Oh Dios!, que incluso en las aguas
torrenciales del diluvio prefiguraste el nacimiento de la nueva
humanidad, de modo que una misma agua pusiera fin al pecado y diera
origen a la santidad (MR, ibid.).
1220 Si el agua de manantial simboliza la
vida, el agua del mar es un símbolo de la muerte. Por lo cual, pudo
ser símbolo del misterio de la Cruz. Por este simbolismo el bautismo
significa la comunión con la muerte de Cristo.
1221 Sobre todo el paso del Mar Rojo,
verdadera liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, es el que
anuncia la liberación obrada por el bautismo:
¡Oh Dios!, que hiciste pasar a pie enjuto
por el mar Rojo s los hijos de Abraham, para que el pueblo liberado
de la esclavitud del faraón fuera imagen de la familia de los
bautizados (MR, ibid.).
1222 Finalmente, el Bautismo es
prefigurado en el paso del Jordán, por el que el pueblo de Dios
recibe el don de la tierra prometida a la descendencia de Abraham,
imagen de la vida eterna. La promesa de esta herencia bienaventurada
se cumple en la nueva Alianza.
El Bautismo de Cristo
1223 Todas las prefiguraciones de la
Antigua Alianza culminan en Cristo Jesús. Comienza su vida pública
después de hacerse bautizar por S. Juan el Bautista en el Jordán
(cf. Mt 3,13 ), y, después de su Resurrección, confiere esta misión
a sus Apóstoles: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado" (Mt
28,19-20; cf Mc 16,15-16).
1224 Nuestro Señor se sometió
voluntariamente al Bautismo de S. Juan, destinado a los pecadores,
para "cumplir toda justicia" (Mt 3,15). Este gesto de Jesús es una
manifestación de su "anonadamiento" (Flp 2,7). El Espíritu que se
cernía sobre las aguas de la primera creación desciende entonces
sobre Cristo, como preludio de la nueva creación, y el Padre
manifiesta a Jesús como su "Hijo amado" (Mt 3,16-17).
1225 En su Pascua, Cristo abrió a todos
los hombres las fuentes del Bautismo. En efecto, había hablado ya de
su pasión que iba a sufrir en Jerusalén como de un "Bautismo" con
que debía ser bautizado (Mc 10,38; cf Lc 12,50). La sangre y el agua
que brotaron del costado traspasado de Jesús crucificado (cf. Jn
19,34) son figuras del Bautismo y de la Eucaristía, sacramentos de
la vida nueva (cf 1 Jn 5,6-8): desde entonces, es posible "nacer del
agua y del Espíritu" para entrar en el Reino de Dios (Jn 3,5).
Considera donde eres bautizado, de donde viene el Bautismo: de la
cruz de Cristo, de la muerte de Cristo. Ahí está todo el misterio:
El padeció por ti. En él eres rescatado, en él eres salvado. (S.
Ambrosio, sacr. 2,6).
El bautismo en la Iglesia
1226 Desde el día de Pentecostés la
Iglesia ha celebrado y administrado el santo Bautismo. En efecto, S.
Pedro declara a la multitud conmovida por su predicación:
"Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre
de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el
don del Espíritu Santo" (Hch 2,38). Los Apóstoles y sus
colaboradores ofrecen el bautismo a quien crea en Jesús: judíos,
hombres temerosos de Dios, paganos (Hch 2,41; 8,12-13; 10,48;
16,15). El Bautismo aparece siempre ligado a la fe: "Ten fe en el
Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa", declara S. Pablo a su
carcelero en Filipos. El relato continúa: "el carcelero
inmediatamente recibió el bautismo, él y todos los suyos" (Hch
16,31-33).
1227 Según el apóstol S. Pablo, por el
Bautismo el creyente participa en la muerte de Cristo; es sepultado
y resucita con él: ¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados
en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con
él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual
que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la
gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva (Rm
6,3-4; cf Col 2,12). Los bautizados se han "revestido de Cristo" (Ga
3,27). Por el Espíritu Santo, el Bautismo es un baño que purifica,
santifica y justifica (cf 1 Co 6,11; 12,13).
1228 El Bautismo es, pues, un baño de agua
en el que la "semilla incorruptible" de la Palabra de Dios produce
su efecto vivificador (cf. 1 P 1,23; Ef 5,26). S. Agustín dirá del
Bautismo: "Accedit verbum ad elementum, et fit sacramentum" ("Se une
la palabra a la materia, y se hace el sacramento", ev. Io. 80,3).
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III La celebración del sacramento del
Bautismo
La iniciación cristiana
1229 Desde los tiempos apostólicos, para
llegar a ser cristiano se sigue un camino y una iniciación que
consta de varias etapas. Este camino puede ser recorrido rápida o
lentamente. Y comprende siempre algunos elementos esenciales: el
anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la
conversión, la profesión de fe, el Bautismo, la efusión del Espíritu
Santo, el acceso a la comunión eucarística.
1230 Esta iniciación ha variado mucho a lo
largo de los siglos y según las circunstancias. En los primeros
siglos de la Iglesia, la iniciación cristiana conoció un gran
desarrollo, con un largo periodo de catecumenado, y una serie
de ritos preparatorios que jalonaban litúrgicamente el camino de la
preparación catecumenal y que desembocaban en la celebración de los
sacramentos de la iniciación cristiana.
1231 Desde que el bautismo de los niños
vino a ser la forma habitual de celebración de este sacramento, ésta
se ha convertido en un acto único que integra de manera muy
abreviada las etapas previas a la iniciación cristiana. Por su
naturaleza misma, el Bautismo de niños exige un catecumenado
postbautismal. No se trata sólo de la necesidad de una
instrucción posterior al Bautismo, sino del desarrollo necesario de
la gracia bautismal en el crecimiento de la persona. Es el momento
propio de la catequesis.
1232 El Concilio Vaticano II ha restaurado
para la Iglesia latina, "el catecumenado de adultos, dividido en
diversos grados" (SC 64). Sus ritos se encuentran en el Ordo
initiationis christianae adultorum (1972). Por otra parte, el
Concilio ha permitido que "en tierras de misión, además de los
elementos de iniciación contenidos en la tradición cristiana, pueden
admitirse también aquellos que se encuentran en uso en cada pueblo
siempre que puedan acomodarse al rito cristiano" (SC 65; cf. SC
37-40).
1233 Hoy, pues, en todos los ritos latinos
y orientales la iniciación cristiana de adultos comienza con su
entrada en el catecumenado, para alcanzar su punto culminante en una
sola celebración de los tres sacramentos del Bautismo, de la
Confirmación y de la Eucaristía (cf. AG 14;
⇒ CIC can.851.
⇒ 865.
⇒ 866). En los ritos
orientales la iniciación cristiana de los niños comienza con el
Bautismo, seguido inmediatamente por la Confirmación y la
Eucaristía, mientras que en el rito romano se continúa durante unos
años de catequesis, para acabar más tarde con la Confirmación y la
Eucaristía, cima de su iniciación cristiana (cf.
⇒ CIC can.851, 2;
⇒ 868).
La mistagogia de la celebración
1234 El sentido y la gracia del sacramento
del Bautismo aparece claramente en los ritos de su celebración.
Cuando se participa atentamente en los gestos y las palabras de esta
celebración, los fieles se inician en las riquezas que este
sacramento significa y realiza en cada nuevo bautizado.
1235 La señal de la cruz, al
comienzo de la celebración, señala la impronta de Cristo sobre el
que le va a pertenecer y significa la gracia de la redención que
Cristo nos ha adquirido por su cruz.
1236 El anuncio de la Palabra de Dios
ilumina con la verdad revelada a los candidatos y a la asamblea y
suscita la respuesta de la fe, inseparable del Bautismo. En efecto,
el Bautismo es de un modo particular "el sacramento de la fe" por
ser la entrada sacramental en la vida de fe.
1237 Puesto que el Bautismo significa la
liberación del pecado y de su instigador, el diablo, se pronuncian
uno o varios exorcismos sobre el candidato. Este es ungido
con el óleo de los catecúmenos o bien el celebrante le impone la
mano y el candidato renuncia explícitamente a Satanás. Así
preparado, puede confesar la fe de la Iglesia, a la cual será
"confiado" por el Bautismo (cf Rm 6,17).
1238 El agua bautismal es entonces
consagrada mediante una oración de epíclesis (en el momento mismo o
en la noche pascual). La Iglesia pide a Dios que, por medio de su
Hijo, el poder del Espíritu Santo descienda sobre esta agua, a fin
de que los que sean bautizados con ella "nazcan del agua y del
Espíritu" (Jn 3,5).
1239 Sigue entonces el rito esencial
del sacramento: el Bautismo propiamente dicho, que significa
y realiza la muerte al pecado y la entrada en la vida de la
Santísima Trinidad a través de la configuración con el Misterio
pascual de Cristo. El Bautismo es realizado de la manera más
significativa mediante la triple inmersión en el agua bautismal.
Pero desde la antigüedad puede ser también conferido derramando tres
veces agua sobre la cabeza del candidato.
1240 En la Iglesia latina, esta triple
infusión va acompañada de las palabras del ministro: "N, Yo te
bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo". En
las liturgias orientales, estando el catecúmeno vuelto hacia el
Oriente, el sacerdote dice: "El siervo de Dios, N., es bautizado en
el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo". Y mientras
invoca a cada persona de la Santísima Trinidad, lo sumerge en el
agua y lo saca de ella.
1241 La unción con el santo crisma,
óleo perfumado y consagrado por el obispo, significa el don del
Espíritu Santo al nuevo bautizado. Ha llegado a ser un cristiano, es
decir, "ungido" por el Espíritu Santo, incorporado a Cristo, que es
ungido sacerdote, profeta y rey (cf OBP nº 62).
1242 En la liturgia de las Iglesias de
Oriente, la unción postbautismal es el sacramento de la Crismación
(Confirmación). En la liturgia romana, dicha unción anuncia una
segunda unción del santo crisma que dará el obispo: el sacramento de
la Confirmación que, por así decirlo, "confirma" y da plenitud a la
unción bautismal.
1243 La vestidura blanca simboliza
que el bautizado se ha "revestido de Cristo" (Ga 3,27): ha
resucitado con Cristo. El cirio que se enciende en el cirio pascual,
significa que Cristo ha iluminado al neófito. En Cristo, los
bautizados son "la luz del mundo" (Mt 5,14; cf Flp 2,15).
El nuevo bautizado es ahora hijo de Dios
en el Hijo Unico. Puede ya decir la oración de los hijos de Dios: el
Padre Nuestro.
1244 La primera comunión eucarística.
Hecho hijo de Dios, revestido de la túnica nupcial, el neófito es
admitido "al festín de las bodas del Cordero" y recibe el alimento
de la vida nueva, el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Las Iglesias
orientales conservan una conciencia viva de la unidad de la
iniciación cristiana por lo que dan la sagrada comunión a todos los
nuevos bautizados y confirmados, incluso a los niños pequeños,
recordando las palabras del Señor: "Dejad que los niños vengan a mí,
no se lo impidáis" (Mc 10,14). La Iglesia latina, que reserva el
acceso a la Sagrada Comunión a los que han alcanzado el uso de
razón, expresa cómo el Bautismo introduce a la Eucaristía acercando
al altar al niño recién bautizado para la oración del Padre Nuestro.
1245 La bendición solemne cierra la
celebración del Bautismo. En el Bautismo de recién nacidos, la
bendición de la madre ocupa un lugar especial.
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IV Quién
puede recibir el Bautismo
1246 "Es capaz de recibir el bautismo todo
ser humano, aún no bautizado, y solo él" (⇒
CIC, can. 864: CCEO, can. 679).
El Bautismo de adultos
1247 En los orígenes de la Iglesia, cuando
el anuncio del evangelio está aún en sus primeros tiempos, el
Bautismo de adultos es la práctica más común. El catecumenado
(preparación para el Bautismo) ocupa entonces un lugar importante.
Iniciación a la fe y a la vida cristiana, el catecumenado debe
disponer a recibir el don de Dios en el Bautismo, la Confirmación y
la Eucaristía.
1248 El catecumenado, o formación de los
catecúmenos, tiene por finalidad permitir a estos últimos, en
respuesta a la iniciativa divina y en unión con una comunidad
eclesial, llevar a madurez su conversión y su fe. Se trata de una
"formación y noviciado debidamente prolongado de la vida cristiana,
en que los discípulos se unen con Cristo, su Maestro. Por lo tanto,
hay que iniciar adecuadamente a los catecúmenos en el misterio de la
salvación, en la práctica de las costumbres evangélicas y en los
ritos sagrados que deben celebrarse en los tiempos sucesivos, e
introducirlos en la vida de fe, la liturgia y la caridad del Pueblo
de Dios" (AG 14; cf OICA 19 y 98).
1249 Los catecúmenos "están ya unidos a la
Iglesia, pertenecen ya a la casa de Cristo y muchas veces llevan ya
una una vida de fe, esperanza y caridad" (AG 14). "La madre Iglesia
los abraza ya con amor tomándolos a sus cargo" (LG 14; cf
⇒ CIC can. 206;
⇒ 788,3).
El Bautismo de niños
1250 Puesto que nacen con una naturaleza
humana caída y manchada por el pecado original, los niños necesitan
también el nuevo nacimiento en el Bautismo (cf DS 1514) para ser
librados del poder de las tinieblas y ser trasladados al dominio de
la libertad de los hijos de Dios (cf Col 1,12-14), a la que todos
los hombres están llamados. La pura gratuidad de la gracia de la
salvación se manifiesta particularmente en el bautismo de niños. Por
tanto, la Iglesia y los padres privarían al niño de la gracia
inestimable de ser hijo de Dios si no le administraran el Bautismo
poco después de su nacimiento (cf
⇒ CIC can. 867; CCEO,
can. 681; 686,1).
1251 Los padres cristianos deben reconocer
que esta práctica corresponde también a su misión de alimentar la
vida que Dios les ha confiado (cf LG 11; 41; GS 48;
⇒ CIC can. 868).
1252 La práctica de bautizar a los niños
pequeños es una tradición inmemorial de la Iglesia. Está atestiguada
explícitamente desde el siglo II. Sin embargo, es muy posible que,
desde el comienzo de la predicación apostólica, cuando "casas"
enteras recibieron el Bautismo (cf Hch 16,15.33; 18,8; 1 Co 1,16),
se haya bautizado también a los niños (cf CDF, instr. "Pastoralis
actio": AAS 72 [1980] 1137-56).
Fe y Bautismo
1253 El Bautismo es el sacramento de la fe
(cf Mc 16,16). Pero la fe tiene necesidad de la comunidad de
creyentes. Sólo en la fe de la Iglesia puede creer cada uno de los
fieles. La fe que se requiere para el Bautismo no es una fe perfecta
y madura, sino un comienzo que está llamado a desarrollarse. Al
catecúmeno o a su padrino se le pregunta: "¿Qué pides a la Iglesia
de Dios?" y él responde: "¡La fe!".
1254 En todos los bautizados, niños o
adultos, la fe debe crecer después del Bautismo. Por eso, la
Iglesia celebra cada año en la noche pascual la renovación de las
promesas del Bautismo. La preparación al Bautismo sólo conduce al
umbral de la vida nueva. El Bautismo es la fuente de la vida nueva
en Cristo, de la cual brota toda la vida cristiana.
1255 Para que la gracia bautismal pueda
desarrollarse es importante la ayuda de los padres. Ese es también
el papel del padrino o de la madrina, que deben ser
creyentes sólidos, capaces y prestos a ayudar al nuevo bautizado,
niño o adulto, en su camino de la vida cristiana (cf
⇒ CIC can. 872-874).
Su tarea es una verdadera función eclesial (officium; cf SC
67). Toda la comunidad eclesial participa de la responsabilidad de
desarrollar y guardar la gracia recibida en el Bautismo.
V Quién
puede bautizar
1256 Son ministros ordinarios del Bautismo
el obispo y el presbítero y, en la Iglesia latina, también el
diácono (cf
⇒ CIC, can. 861,1;
CCEO, can. 677,1). En caso de necesidad, cualquier persona, incluso
no bautizada, puede bautizar (Cf
⇒ CIC can. 861, § 2)
si tiene la intención requerida y utiliza la fórmula bautismal
trinitaria. La intención requerida consiste en querer hacer lo que
hace la Iglesia al bautizar. La Iglesia ve la razón de esta
posibilidad en la voluntad salvífica universal de Dios (cf 1 Tm 2,4)
y en la necesidad del Bautismo para la salvación (cf Mc 16,16).
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VI La necesidad del Bautismo
1257 El Señor mismo afirma que el Bautismo
es necesario para la salvación (cf Jn 3,5). Por ello mandó a sus
discípulos a anunciar el Evangelio y bautizar a todas las naciones
(cf Mt 28, 19-20; cf DS 1618; LG 14; AG 5). El Bautismo es necesario
para la salvación en aquellos a los que el Evangelio ha sido
anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este sacramento (cf
Mc 16,16). La Iglesia no conoce otro medio que el Bautismo para
asegurar la entrada en la bienaventuranza eterna; por eso está
obligada a no descuidar la misión que ha recibido del Señor de hacer
"renacer del agua y del espíritu" a todos los que pueden ser
bautizados. Dios ha vinculado la salvación al sacramento del
Bautismo, pero su intervención salvífica no queda reducida a los
sacramentos.
1258 Desde siempre, la Iglesia posee la
firme convicción de que quienes padecen la muerte por razón de la
fe, sin haber recibido el Bautismo, son bautizados por su muerte con
Cristo y por Cristo. Este Bautismo de sangre como el deseo
del Bautismo, produce los frutos del Bautismo sin ser
sacramento.
1259 A los catecúmenos que mueren
antes de su Bautismo, el deseo explícito de recibir el bautismo
unido al arrepentimiento de sus pecados y a la caridad, les asegura
la salvación que no han podido recibir por el sacramento.
1260 "Cristo murió por todos y la vocación
última del hombre en realmente una sola, es decir, la vocación
divina. En consecuencia, debemos mantener que el Espíritu Santo
ofrece a todos la posibilidad de que, de un modo conocido sólo por
Dios, se asocien a este mis terio pascual" (GS 22; cf LG 16; AG 7).
Todo hombre que, ignorando el evangelio de Cristo y su Iglesia,
busca la verdad y hace la voluntad de Dios según él la conoce, puede
ser salvado. Se puede suponer que semejantes personas habrían
deseado explícitamente el Bautismo si hubiesen conocido su
necesidad.
1261 En cuanto a los niños muertos sin
Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia
divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto,
la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se
salven (cf 1 Tm 2,4) y la ternura de Jesús con los niños, que le
hizo decir: "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo
impidáis" (Mc 10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de
salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más
apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños
pequeños vengan a Cristo por el don del santo bautismo.
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VII La gracia del Bautismo
1262 Los distintos efectos del Bautismo
son significados por los elementos sensibles del rito sacramental.
La inmersión en el agua evoca los simbolismos de la muerte y de la
purificación, pero también los de la regeneración y de la
renovación. Los dos efectos principales, por tanto, son la
purificación de los pecados y el nuevo nacimiento en el Espíritu
Santo (cf Hch 2,38; Jn 3,5).
Para la remisión de los pecados...
1263 Por el Bautismo, todos los pecados
son perdonados, el pecado original y todos los pecados personales
así como todas las penas del pecado (cf DS 1316). En efecto, en los
que han sido regenerados no permanece nada que les impida entrar en
el Reino de Dios, ni el pecado de Adán, ni el pecado personal, ni
las consecuencias del pecado, la más grave de las cuales es la
separación de Dios.
1264 No obstante, en el bautizado
permanecen ciertas consecuencias temporales del pecado, como los
sufrimientos, la enfermedad, la muerte o las fragilidades inherentes
a la vida como las debilidades de carácter, etc., así como una
inclinación al pecado que la Tradición llama concupiscencia,
o "fomes peccati": "La concupiscencia, dejada para el combate, no
puede dañar a los que no la consienten y la resisten con coraje por
la gracia de Jesucristo. Antes bien `el que legítimamente luchare,
será coronado'(2 Tm 2,5)" (Cc de Trento: DS 1515).
“Una criatura nueva”
1265 El Bautismo no solamente purifica de
todos los pecados, hace también del neófito "una nueva creación" (2
Co 5,17), un hijo adoptivo de Dios (cf Ga 4,5-7) que ha sido hecho
"partícipe de la naturaleza divina" ( 2 P 1,4), miembro de Cristo
(cf 1 Co 6,15; 12,27), coheredero con él (Rm 8,17) y templo del
Espíritu Santo (cf 1 Co 6,19).
1266 La Santísima Trinidad da al bautizado
la gracia santificante, la gracia de la justificación que :
– le hace capaz de creer en Dios, de
esperar en él y de amarlo mediante las virtudes teologales;
– le concede poder vivir y obrar bajo la
moción del Espíritu Santo mediante los dones del Espíritu Santo;
– le permite crecer en el bien mediante
las virtudes morales.
Así todo el organismo de la vida
sobrenatural del cristiano tiene su raíz en el santo Bautismo.
Incorporados a la Iglesia, Cuerpo de
Cristo
1267 El Bautismo hace de nosotros miembros
del Cuerpo de Cristo. "Por tanto...somos miembros los unos de los
otros" (Ef 4,25). El Bautismo incorpora
a la Iglesia.
De las fuentes bautismales nace el único pueblo de Dios de la Nueva
Alianza que trasciende todos los límites naturales o humanos de las
naciones, las culturas, las razas y los sexos: "Porque en un solo
Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un
cuerpo" (1 Co 12,13).
1268 Los bautizados vienen a ser "piedras
vivas" para "edificación de un edificio espiritual, para un
sacerdocio santo" (1 P 2,5). Por el Bautismo participan del
sacerdocio de Cristo, de su misión profética y real, son "linaje
elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para
anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a
su admirable luz" (1 P 2,9). El Bautismo hace participar en el
sacerdocio común de los fieles.
1269 Hecho miembro de la Iglesia, el
bautizado ya no se pertenece a sí mismo (1 Co 6,19), sino al que
murió y resucitó por nosotros (cf 2 Co 5,15). Por tanto, está
llamado a someterse a los demás (Ef 5,21; 1 Co 16,15-16), a
servirles (cf Jn 13,12-15) en la comunión de la Iglesia, y a ser
"obediente y dócil" a los pastores de la Iglesia (Hb 13,17) y a
considerarlos con respeto y afecto (cf 1 Ts 5,12-13). Del mismo modo
que el Bautismo es la fuente de responsabilidades y deberes, el
bautizado goza también de derechos en el seno de la Iglesia: recibir
los sacramentos, ser alimentado con la palabra de Dios y ser
sostenido por los otros auxilios espirituales de la Iglesia (cf LG
37;
⇒ CIC can. 208-223;
CCEO, can. 675,2).
1270 Los bautizados "por su nuevo
nacimiento como hijos de Dios están obligados a confesar delante de
los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia"
(LG 11) y de participar en la actividad apostólica y misionera del
Pueblo de Dios (cf LG 17; AG 7,23).
El vínculo sacramental de la unidad de los
cristianos
1271 El Bautismo constituye el fundamento
de la comunión entre todos los cristianos, e incluso con los que
todavía no están en plena comunión con la Iglesia católica: "Los que
creen en Cristo y han recibido ritualmente el bautismo están en una
cierta comunión, aunque no perfecta, con la Iglesia católica...
justificados por la fe en el bautismo, se han incorporado a Cristo;
por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y
son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia Católica como
hermanos del Señor" (UR 3). "Por consiguiente, el bautismo
constituye un vínculo sacramental de unidad, vigente entre
los que han sido regenerados por él" (UR 22).
Un sello espiritual indeleble...
1272 Incorporado a Cristo por el Bautismo,
el bautizado es configurado con Cristo (cf Rm 8,29). El Bautismo
imprime en el cristiano un sello espiritual indeleble (character)
de su pertenencia a Cristo. Este sello no es borrado por ningún
pecado, aunque el pecado impida al Bautismo dar frutos de salvación
(cf DS 1609-1619). Dado una vez por todas, el Bautismo no puede ser
reiterado.
1273 Incorporados a la Iglesia por el
Bautismo, los fieles han recibido el carácter sacramental que los
consagra para el culto religioso cristiano (cf LG 11). El sello
bautismal capacita y compromete a los cristianos a servir a Dios
mediante una participación viva en la santa Liturgia de la Iglesia y
a ejercer su sacerdocio bautismal por el testimonio de una vida
santa y de una caridad eficaz (cf LG 10).
1274 El "sello del Señor"
(Dominicus character: S. Agustín, Ep. 98,5), es el sello con que el
Espíritu Santo nos ha marcado "para el día de la redención" (Ef
4,30; cf Ef 1,13-14; 2 Co 1,21-22). "El Bautismo, en efecto, es el
sello de la vida eterna" (S. Ireneo, Dem.,3). El fiel que "guarde el
sello" hasta el fin, es decir, que permanezca fiel a las exigencias
de su Bautismo, podrá morir marcado con "el signo de la fe" (MR,
Canon romano, 97), con la fe de su Bautismo, en la espera de la
visión bienaventurada de Dios –consumación de la fe– y en la
esperanza de la resurrección.
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RESUMEN
1275 La iniciación cristiana se realiza
mediante el conjunto de tres sacramentos: el Bautismo, que es el
comienzo de la vida nueva; la Confirmación que es su afianzamiento;
y la Eucaristía que alimenta al discípulo con el Cuerpo y la Sangre
de Cristo para ser transformado en El.
1276 "Id, pues, y haced discípulos a todas
las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado"
(Mt 28,19-20).
1277 El Bautismo constituye el nacimiento
a la vida nueva en Cristo. Según la voluntad del Señor, es necesario
para la salvación, como lo es la Iglesia misma, a la que introduce
el Bautismo.
1278 El rito esencial del Bautismo
consiste en sumergir en el agua al candidato o derramar agua sobre
su cabeza, pronunciando la invocación de la Santísima Trinidad, es
decir, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
1279 El fruto del Bautismo, o gracia
bautismal, es una realidad rica que comprende: el perdón del pecado
original y de todos los pecados personales; el nacimiento a la vida
nueva, por la cual el hombre es hecho hijo adoptivo del Padre,
miembro de Cristo, templo del Espíritu Santo. Por la acción misma
del bautismo, el bautizado es incorporado a la Iglesia, Cuerpo de
Cristo, y hecho partícipe del sacerdocio de Cristo.
1280 El Bautismo imprime en el alma un
signo espiritual indeleble, el carácter, que consagra al bautizado
al culto de la religión cristiana. Por razón del carácter, el
Bautismo no puede ser reiterado (cf DS 1609 y 1624).
1281 Los que padecen la muerte a causa de
la fe, los catecúmenos y todos los hombres que, bajo el impulso de
la gracia, sin conocer la Iglesia, buscan sinceramente a Dios y se
esfuerzan por cumplir su voluntad, pueden salvarse aunque no hayan
recibido el Bautismo (cf LG 16).
1282 Desde los tiempos más antiguos, el
Bautismo es dado a los niños, porque es una gracia y un don de Dios
que no suponen méritos humanos; los niños son bautizados en la fe de
la Iglesia. La entrada en la vida cristiana da acceso a la verdadera
libertad.
1283 En cuanto a los niños muertos sin
bautismo, la liturgia de la Iglesia nos invita a tener confianza en
la misericordia divina y a orar por su salvación.
1284 En caso de necesidad, toda persona
puede bautizar, con tal que tenga la intención de hacer lo que hace
la Iglesia, y que derrame agua sobre la cabeza del candidato
diciendo: "Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo".
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